La alucinación y un diálogo posible con las neurociencias

Compartir este post

Introducción

Este escrito surgió tras la invitación a dialogar con otro psicoanalista y un neurocientista interesado en la imagenología cerebral para el estudio de las alucinaciones auditivas en pacientes esquizofrénicos. Para prepararlo, conversamos de lo que hacía José Cortés en su laboratorio, de nuestros distintos vértices, diferentes, pero que nos generaron un interés mutuo.

Mi trabajo revisa algunas ideas de Freud sobre las alucinaciones, y considera después el desarrollo de André Green sobre la instauración de un continente interno, la generación de límites psíquicos, y sus ideas sobre la alucinación positiva y negativa. Me propongo plantear luego, siguiendo los aportes de Lavallé, un modelo general de lo alucinatorio tanto en la normalidad como en la patología. Finalmente, esbozo ciertas condiciones que considero necesarias para un diálogo interdisciplinario.

La alucinación en la obra de Freud

Freud se interesó de manera constante por las relaciones entre el mundo interno y la realidad, y por lo tanto entre representación y percepción. Las referencias a la alucinación o a lo alucinatorio se inscriben en ese recorrido, y se puede rastrear en distintos momentos de su obra. Lo alucinatorio no se restringe a la patología, lo encontramos cada noche en la regresión alucinatoria del sueño. Al revisar la relación entre representación (interna) y percepción (externa) en el sueño y en la alucinación, o entre realización alucinatoria de deseo (chupeteo) y alucinación, Freud llega a la conclusión que no se las puede diferenciar, y plantea la necesidad de hacer intervenir una prueba de realidad para lograrlo (1911).

En la segunda parte de su obra, Freud formula mecanismos de defensa, que usados de forma masiva o radical determinan modalidades de funcionamiento mental distinto a las neurosis, en las que predomina la represión. Describe entonces la escisión, la desmentida, la forclusión.

En “Neurosis y psicosis” (1924a [1923]), Freud se pregunta por el mecanismo análogo a la represión, por cuyo intermedio el yo se desase de la realidad. La desmentida (verleunung), distinta de la represión (verdrängung), aparece como el mecanismo defensivo para tratar con la percepción de la realidad externa. La desmentida de la realidad abarca ciertas áreas, ya que ningún psicótico rompe de manera absoluta con ella. La fase alucinatoria o el delirio aparecen como fenómenos secundarios, un intento de restitución de un vínculo con esa realidad, pero, esa restitución se realizaría de forma autocrática, dando origen a una neo-realidad no compartida con el conjunto de los sujetos de su cultura, y que no plantea las dificultades de aquella que se abandonó (Freud, 1924b). Antes, en un pasaje del estudio de las memorias de Schreber (1911 [1910]), Freud introduce un nuevo mecanismo (verwerfung), al que Lacan denomina forclusión y que otros autores llaman rechazo o rechazo radical. Freud señala: “No era correcto decir que la sensación interiormente sofocada es proyectada hacia afuera; más bien inteligimos que lo cancelado adentro retorna desde afuera”.

Freud muestra entonces que desmentida y rechazo o forclusión operan en la alucinación. Estos dos mecanismos pueden articularse para plantear que se desmiente un fragmento de la realidad que es intolerable, y se rechaza la representación que el sujeto podría tener de esta. Pero esta realidad parece con frecuencia volver sobre el sujeto, para lo cual hay que considerar que operan también otros dos mecanismos descritos por Freud, los mecanismos de doble retorno: retorno sobre la persona propia y vuelta en lo contrario.

¿Y en la esquizofrenia?

En El complemento a la teoría de los sueños (1917 [1915]), Freud señala: “Respecto de la psicosis alucinatoria en la dementia praecox, nuestras reflexiones nos permiten deducir que no puede pertenecer a los síntomas iniciales de la afección. Sólo se vuelve posible cuando el yo del enfermo se ha fragmentado hasta el punto en que el examen de realidad ya no impide la alucinación (pp. 233)”. Y más adelante a propósito de la diferencia de la alucinación del sueño y el de la esquizofrenia dice: “En esta última, las palabras mismas en que se expresó el pensamiento preconsciente pasan a ser objeto de la elaboración por parte del proceso primario”.

André Green, comentando esta afirmación de Freud, marca un disenso: “La psicosis revela procesos primarios sobornados que intentan desesperadamente realizar la reconstrucción delirante como intento de curación. Freud ya lo había percibido desde Schreber, pero descuidó sin duda demasiado el hecho de que esta construcción se hace con la ayuda de un aparato de pensamiento dañado en su integridad. Cuanto más la psicosis se acerca al polo esquizofrénico, más se compromete en esta vía y más espacio hay para pensar que la psicosis reside menos en los pensamientos que nos da a conocer el psicótico, que en el pensamiento que los piensa” (1973, pág. 167).

A modo de resumen, podemos señalar:

  • La vía alucinatoria es la primera forma de funcionamiento del psiquismo
  • Se la encuentra bajo distintas modalidades en la normalidad y en la patología
  • En la esquizofrenia, lo delirante y alucinatorio no da cuenta de una develación del inconsciente, sino que los procesos del pensamiento están alterados en su base.

Alucinación positiva y negativa

La definición más general de la alucinación la califica como una percepción sin objeto. Pero Freud, en 1915, en una nota en la que no profundiza, señala lo siguiente: “A manera de complemento agrego que un ensayo de explicar la alucinación no debería partir de la alucinación positiva, sino más bien de la negativa” (1917 [1915], pág. 231). Y la definición general de la alucinación negativa, inversa de la positiva, la clasificará como la no-percepción de un objeto o de un fenómeno psíquico perceptible. Green trabaja ampliamente desde este punto de partida (1993), y postula que la alucinación negativa corresponde a la “represión de la realidad” que Freud plantea en la primera etapa de la psicosis (Brunet, 2024). En esa patología, se vuelve predominante, pero puede acontecer en cualquier sujeto de forma puntual dadas ciertas circunstancias.

Notas sobre la causalidad psíquica

La causalidad psíquica depende de la causalidad natural, entre las que se encuentran las neurociencias, y también de la causalidad cultural, pero no se reduce a ellas, ni tampoco a su combinación. En ese sentido, puede considerársele un emergente. Aun teniendo en cuenta que los estudios en gemelos apuntan a una predisposición congénita alta en el caso de la esquizofrenia, esta no es absoluta. El cachorro humano, inacabado al momento de su nacimiento, tiene un periodo de dependencia de sus objetos tempranos mucho más alto que la mayoría de las otras especies, lo que determina que los procesos que se producen en este vínculo son determinantes para el nacimiento del psiquismo y para su devenir, así como para el origen del pensamiento. El infante humano nace con un potencial, entre otros el del lenguaje, pero este se activará en el contacto con otro ser humano, en general la madre. La causalidad de la psicosis es a su vez múltiple, y participan en ella desde potencialidades hereditarias hasta relacionales plurigeneracionales. Estas consideraciones apuntan en el sentido de que el diálogo del psicoanálisis con las neurociencias, así como con otras áreas del conocimiento, no debe implicar un mero traslado de conceptos o de teorías planteadas por estas. Un verdadero diálogo pasa por un cuestionamiento crítico mutuo y una selección de aquellos elementos que lleven a un enriquecimiento de las posiciones de cada uno de sus participantes.

Modelo hipotético de lo alucinatorio

Voy a retomar a continuación un intento de modelo general sobre lo alucinatorio que considera el espectro que va de la normalidad a la psicosis. Este tiene que considerar el de la constitución de límites psíquicos (Green, 1976, 1982), límites entre el yo y no-yo, y el de un límite interno, que en psicoanálisis denominamos represión, que filtre tanto contenidos como montos energéticos, llámenseles pulsión, fuerza, energía psíquica, etc. Esto es indispensable para una separación entre la realidad interna y la realidad externa, que es lo que se altera en este fenómeno.

En el estadio posterior al nacimiento, donde predominan funcionamientos que denominamos originarios, se mantiene o predomina un estado fusional entre la madre y el bebé. Green retoma el mecanismo del doble retorno de Freud, que permite figurar un circuito de investidura entre ambos componentes de la díada, la demanda pulsional dirigida hacia la madre, y que recoge, de vuelta, la respuesta de esta, inscribiéndose en el psiquismo naciente del niño las primeras huellas mnémicas que darán origen a representaciones. Este circuito da cuenta de los efectos de la proyección y de la introyección, antes de la represión. En esta etapa, la madre está fundamentalmente presente, y es ella quien acoge y transforma las proyecciones del hijo, y juega las veces de una pantalla psíquica reflexiva, o de espejo humano. En algún momento, se producirá un movimiento pulsional de introyección de la madre, predominando las características de este circuito que pasará a ser un continente interno.

La alucinación negativa operará para enfatizar las características continentes de la madre por sobre las representaciones fusionales con ella (Green, 1993). Este paso no solamente conlleva la separación de los dos psiquismos, y constituye lo que Freud llama “la pérdida del objeto”, inaugurando el surgimiento del sujeto (con su narcisismo primario) y del objeto; determina, además, un límite a la actividad proyectiva. De ahí en más, la proyección no se hará al espacio, lo que lo volvería persecutorio, ni tendrá los niveles de fragmentación que observamos en la psicosis. Este paso es fallido en grados diversos en la psicosis y en menor grado en otros cuadros clínicos. Por lo demás, otra etapa de la alucinación negativa, la del borramiento de la cosa para privilegiar la palabra, se ve alterada también en la psicosis, dando lugar al hecho descrito por muchos autores de que las palabras son tratadas como cosas, teniendo ya estas cualidades particulares en las que no ahondaré aquí.

Tanto Lacan (1949), como Winnicott (1967) enfatizan la importancia de la reflexión de la imagen del niño, el primero en su descripción del estadio del espejo, el segundo postulando que el verdadero espejo lo constituye el rostro y la mirada de la madre, cargada de afectos. Debe sumarse a ello la función de rêverie materna (1962b/1966), capaz de transformar las proyecciones del infante. Esa mirada de la madre, el niño tiene que interiorizarla y olvidarla, dando paso así al inicio de una función autorreflexiva propia. En su lugar, se va a constituir una suerte de pantalla de densidad variable (Lavallé, 1999) para la proyección, tanto visual como auditiva, todo ello como resultado de la alucinación negativa de la madre en el desarrollo normal, puesta al servicio del yo. Sin esa pantalla, la proyección se realizaría directamente en lo real, produciendo una confusión adentro/afuera.

La vía alucinatoria, como modalidad primaria de funcionamiento de la psiquis, permanecerá activa toda la vida. Pero debe surgir posteriormente no sólo una diferenciación adentro/afuera, sino al mismo tiempo debe haber una ligadura entre lo pulsional, lo interno, y lo que viene de afuera. ¿Qué modelo puede postularse para que esto ocurra? Voy a usar el que propone Lavallé a partir de la obra de Freud, Racamier, Klein, Green, considerando lo que hemos revisado hasta ahora. Lavallé (1999) lo centra en lo visual, yo lo ampliaré. (1999, pp. 16):

Este modelo enfatiza el hecho de que nuestra percepción está constantemente influida por elementos que emanan de nuestro psiquismo, y más específicamente de los derivados pulsionales y de las representaciones inconscientes. De esta forma, cuando un estímulo externo impacta en el órgano de los sentidos correspondiente, se genera un escaneo, una búsqueda en el sistema inconsciente, se despiertan ciertas representaciones inconscientes, las que, filtradas por la represión, van a ser proyectadas hacia el estímulo externo. Esa amalgama de percepción más representación se reflejará en esa pantalla alucinatoria negativa de la que hablamos anteriormente. Esta superposición sobre la pantalla de proyección de representaciones proyectadas más el estímulo externo dará lugar a una simbolización imaginaria cargada con un quantum alucinatorio (de origen pulsional, la vertiente afectiva del psiquismo), que le dará vivacidad a la percepción. De ese modo, el sujeto “se ve” (Lavallé) o, (agrego yo), se escucha también en esta percepción. Hay un movimiento de apropiación, que vuelve “familiares” o “conocidas” las percepciones. El yo y el no-yo encuentran de este modo una posibilidad de espejamiento, como antes la tuvo el sujeto en el encuentro en el espejo del rostro de la madre. Estas percepciones ya simbolizadas pueden entonces ser introyectadas en el yo. Esto sólo acontece si lo alucinatorio positivo está dosificado en cantidades pequeñas, otorgando “vivacidad” a las percepciones.

Si consideramos lo sonoro, la pantalla alucinatoria negativa nos permite negativizar una cantidad de sonidos en una situación social, de manera de permitirnos escuchar a la persona que tenemos al frente. Si el silencio de fondo es producto de la alucinación negativa de la madre, podemos estar en un silencio tranquilo, como signo de “su presencia aun estando ausente”. En cambio, si la etapa de la introyección negativa de la madre, que crea un continente interno, ha fallado (Green, 1980), el silencio será vivido como pérdida del objeto, un silencio de muerte, que sólo podrá paliar la alucinación positiva: las voces intrusivas de la esquizofrenia.

Si aplicamos lo que hemos visto hasta ahora, podemos postular lo que ocurre en algunas situaciones clínicas, a modo de ejemplo:

  • Si las representaciones evocadas por un determinado estímulo no pueden ser proyectadas, se rompe la ligadura entre lo percibido y lo representado, generando un sentimiento de extrañeza o de no reconocimiento de lo percibido. Esto llevaría en el yo a un sentimiento de despersonalización.
  • Si lo anterior se mantiene y adquiere mayor intensidad o duración, estaremos frente a lo que Green y Donnet (1973) describieron como psicosis blanca, sin fenómenos productivos, y que corresponde más o menos a lo que la psiquiatría denomina esquizofrenia simple.
  • Cuando la percepción es demasiado peligrosa para el yo, la proyección excesiva de las representaciones intenta expulsar el peligro pulsional despertado por aquella. Se expulsa lo malo hacia afuera (rechazo o forclusión) y no se permite la reintroyección de lo expulsado. El yo rompe su continente, y ya no mantiene una ligadura o reconocimiento con el mundo exterior. En el extremo, las representaciones, excorporadas, serán destruidas afuera. Es la psicosis.

Para terminar, sólo retomaré el hecho de que muchos esquizofrénicos oyen voces, lo que puede tener que ver con que la estructura del pensamiento se presta para ello, dado que, al pensar en silencio, nuestro pensamiento está provisto de ese quantum alucinatorio que genera la sensación de oírse uno mismo. Incluso, reproducimos a veces en voz baja la voz de alguien al recordar un diálogo. Si el quantum alucinatorio aumenta, así como los procesos proyectivos tratados más arriba, un psicótico puede oír la voz de otro, abolida adentro, afuera.

Bibliografía

  1. Bion, W. R. (1966). Aprendiendo de la experiencia. Buenos Aires: Paidós. (Trabajo original publicado en 1962b).
  2. Brunet, M.F. (2024). The Negative in Psychosis. En On Freud’s “Neurosis and Psychosis” And “The loss of Reality in Neurosis and Psychosis”. London and New York: Routledge.
  3. Freud, S. (1993). Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud (vol. XII, pp. 217-233). Buenos Aires: Amorrortu. (Trabajo original publicado 1911).
  4. Freud, S. (1993). Neurosis y psicosis. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud (vol. XIX, pp. 151-161). Buenos Aires: Amorrortu. (Trabajo original publicado 1924a [1923]).
  5. Freud, S. (1993). La pérdida de la realidad en la neurosis y la psicosis. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud (vol. XIX, pp. 189-199). Buenos Aires: Amorrortu. (Trabajo original publicado 1924b).
  6. Freud, S. (1993). Puntualizaciones sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud (vol. XII, pp. 1-77). Buenos Aires: Amorrortu. (Trabajo original publicado 1911 [1910]).
  7. Freud, S. (1993). Complemento metapsicológico a la teoría de los sueños. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud (vol. XIV, pp. 215-235). Buenos Aires: Amorrortu. (Trabajo original publicado 1917 [1915]).
  8. Green, A. (1973). El niño de eso. Trad. Marie France Brunet. Santiago: Social-Ediciones U. de Chile. (Libro original publicado 1973).
  9. Green, A. (1983). La mère morte. En Narcissisme de vie, narcissisme de mort. Paris: Les éditions de minuit. (Trabajo original publicado en 1980).
  10. Green, A. (1990). Le concept de limite. En La folie privée. Éditions Gallimard. (Trabajo original publicado en 1976).
  11. Green, A. (1990). La double limite. En La folie privée. Éditions Gallimard. (Trabajo original publicado en 1982).
  12. Green, A. (1993). Le travail du négatif. Paris: Les éditions de minuit.
  13. Lacan, J. (1966). Le stade du miroir comme formateur de la fonction du Je. En Écrits I. (Trabajo original publicado en 1949).
  14. Lavallé, G. (1999). L’enveloppe visuelle du Moi. Paris: Dunod.
  15. Winnicott, D. (1971). Papel del espejo de la madre y la familia en el desarrollo del niño. Buenos Aires: Gedisa editorial. (Trabajo original publicado en 1967).
Post relacionados